El creador del emotivo show en la gala del G20 en el Teatro Colón, explicó cómo nació el grito “¡Argentina, Argentina!”

El prestigioso director y coreógrafo Ricky Pashkus acercó detalles sobre la gestación de “Argentum”, el espectáculo que recorrió el mundo. Y que conmovió a Mauricio Macri. “El Presidente entendió que la cultura une. Los que lanzaron ese grito no son de un partido político, son artistas”, dijo

Cerca de las 23 horas del viernes, cuando en el Teatro Colón todavía resonaba el eco de aquel “¡Argentina, Argentina…!” que nació en el escenario, atravesó las butacas y llegó a todos los hogares que sintonizaron el espectáculo por televisión, Ricky Pashkus se sentó cerca de su casa de Recoleta para “bajar un cambio”. Los nervios del arduo trabajo previo y la emoción del deber realizado habían sido demasiado.

Entones, el prestigioso director vio a un grupo de jóvenes que iban a tomar algo a un bar. Uno de ellos se le acercó. Se conocían, claro; habían estado dos meses ensayando con intensidad. “Yo fui el que gritó ¡Argentina!”, reconoció este joven bailarín de tango. “Espero no haber estado mal…”, agregó, casi disculpándose con Pashkus. Y no, por supuesto que no había estado mal.

Fue Pashkus el responsable de crear Argentum, el impresionante espectáculo federal de baile y música —con 84 bailarinas, 75 músicos en escena, decenas de artistas audiovisuales y las primeras figuras Julio Bocca y Mora Godoy— que se brindó en el Colón para los líderes de la cumbre del G20, y las más de mil personalidades invitadas. Y que en su cierre, con aquel grito espontáneo, terminó emocionando hasta las lágrimas al propio Mauricio Macri.

Fue un hecho artístico pero también profundamente político, y respondió al pedido de un Gobierno que estaba diciendo: ‘Necesito que hagas algo’. Aunque me dieron total libertad”, explicó Ricky en diálogo con Marcelo Bonelli, en Radio Mitre. Y destacó que logró dar rienda suelta a su creatividad pese a las sugerencia que le hicieron sobre cómo hacerlo. “Sí, hubo mucha opinión. Pero yo tengo capacidad de resistir. Y además, pude hacer lo que se me dio la gana. Esto fue así”.

El coreógrafo trabajó durante siete meses en la creación de Argentum. El primer paso fue realizar una serie de viajes el Interior del país para convocar a bailarines de folclore y tango. Luego montó un “escenario muleto” en Tecnópolis, con las mismas medidas del Colón y una escenografía similar a la que se emplearía en la gala.

Un día, el Presidente se acercó a uno de los ensayos para comprobar “el criterio del espectáculos”. “Quería ver cómo era esto que yo planteaba, lo inmersivo del espectáculo”, puntualizó el director, quien cuando había recibido la propuesta de encargarse del espectáculo pidió hacer a un lado lo conceptual para focalizarse en un “lenguaje universal”: la danza. “¿Cómo me meto con el idioma?”, advirtió. Y buscó entonces apostar a la diversidad y el talento del país.

“Nosotros hablamos mucho de la diversidad de paisajes de la Argentina, pero eso corresponde a una diversidad de colores de piel, de maneras de pensar —dijo Pashkus, quien trabajó con el director del CCK, Gustavo Mozzi—. Yo soy hijo de inmigrantes que venían de la guerra, pero también hay pueblos originarios. Y hay gente del chamamé que viene de colonias alemanas, por ejemplo. Tenemos tal nivel de diversidad cultural, pero además físicas, que no podía no estar ahí”.

Hasta que finalmente, llegó la gran noche. “Y vi a toda la gente tan elegante, tan bien vestida, tan formal y adusta en relación a lo que estaba pasando en ese momento que dije: ‘Uhhh… este proyecto que estoy presentando necesita de una colaboración’. Entonces fui con los chicos y les dije: ‘Hay que ganarse el clima de la peña. el Colón es el Colón, es magistral, pero el proyecto tiene que atravesar las paredes y llegar al corazón’. Y se vivió un clima de peña”, confió el coreógrafo.

¿Y la emoción de Macri? “Tengo la sensación de que para el Presidente este evento del Colón era muy importante: era invitarlos (por los mandatarios) a su país, a su casa más intima. Y también era una necesidad honesta de mostrar algo que él intuía: necesitaba ser aceptado y comprendido en que algo que él quería transmitir. Fue el alivio lo que lo hizo llorar. 100 jóvenes gritando ‘¡Argentina, Argentina!’ le hizo sentir que algo estaba sucediendo allí tenía impacto, y no solo a nivel político”.

“Macri entendió que la cultura es lo único que hace que sea posible, que une une, aún en semejante momento, cuando se habla de grieta y demás —sostuvo Pashkus—. Porque los que gritaron ‘¡Argentina, Argentina!’, no son de un partido político. Son artistas”.

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