mar. Ago 20th, 2019

CORRESPONSALÍA EN ARGENTINA

Luis Miguel en Córdoba: el Sol brilló como nunca

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El cantante mexicano encandiló a un Orfeo rebosante de pasión. Ofreció un concierto que atendió a todas las etapas de su trayectoria, con interpretaciones comprometidas. Parece haber conseguido algo de paz. 

Luis Miguel ofreció este martes un concierto explosivo ante un Orfeo Superdomo repleto con 14 mil personas. Contribuyeron para ello un repertorio imbatible, que mezcló clásicos pop de todas las épocas con baladas y boleros, y una audiencia cautivada desde el mismo día en el que se confirmó el show.

Así, resultó lógico el ensordecedor grito tras el apagón inicial, que se produjo a las 21. 53, casi una hora después del horario previsto. 
La multitud liberó tensiones luego de esa preocupante demora, y la energía resultante de la acción convirtió en una caldera al domo de Rodríguez del Busto. 

Esa sensación sólo se aplica a la plaza Córdoba, ya que este fue el único concierto indoor que el Sol de México ofrecerá en Argentina, donde sólo le quedan dos presentaciones en el Campo de Polo de Buenos Aires. Presentaciones a cielo abierto, claro, en las que las señales de amor se las lleva el viento en dirección al río. Aquí, en cambio, no tuvieron por donde escaparse. 

El show comenzó con la proyección de un video en el que un elegantísimo Luis Miguel apura el paso en las escaleras marmoladas de una mansión, que, inevitablemente, tiene por destino final el escenario.

Ese recorrido estuvo acompañado por una música apenas tensa, que tuvo un clímax  cuando el telón dejó ver su silueta estilizada, de perfil, aproximada a la pose de la tapa de Segundo Romance (1994). 

El Luis Miguel (real) que apareció segundos después nada tuvo que envidiarle a aquel Luis Miguel (virtual). En ese momento, el divo se mostró sonriente, exultante, y se tomó un minuto largo para contemplar al público, para testearlo. 

Luego, muy suelto de cuerpo, y con un estado vocal formidable, interpretó el funky Si te vas.

No hay mejor pieza que ésta para shockear con una banda de acompañamiento exquisita, que a lo largo de la noche alardeó con buen gusto y ductilidad. Y que siempre mostró un carácter orgánico, consecuente con un jefe, Luis Miguel, que nunca se dejó tentar por los vaivenes de la música pop y eligió cultivar un clasicismo a partir de r&b lustroso y sin tiempo, y rescatar al bolero. 

En consecuencia, aquí todo se tocó en vivo  y no se reprodujo música pregrabada. No hubo ninguna referencia a “lo urbano”, en definitiva. 

Por debajo de la mesa, No sé tú, Historia de un amor, La barca y Contigo a la distancia formaron el set de aquellos boleros que él añeja con estilo y soltura, siempre y cuando no haya problemas con el sistema de monitoreo y lo domine el fastidio. Eso sucedió anoche en algunos tramos, pero no en una medida que lo haya obligado a abstraerse del show.

Por el contrario, anoche se vio a un Luis Miguel feliz de ser cantante popular, satisfecho con su destino, comprometido a devolver cada peso del costoso precio de la entrada. «¿Se la saben?», fue lo primero que le dijo al público, en la antesala de Culpable o no. 

La nueva visita del ídolo, en rigor, comenzó en la noche del lunes con su arribo a la ciudad, cuando lejos de mostrarse hermético, distante e intocable saludó afectuosamente a las fanáticas reunidas en el acceso del Sheraton.

Y continuó ayer a la tarde con la orden de la organización de respetarles los primeros lugares a las chicas que acamparon desde comienzos de enero y de llevar adelante un operativo de formación de filas en la playa ubicada frente al Burger King. Allí se armó un zigzag de vallas que contuvo a la parte más tempranera de la multitud.

La serie, factor clave

En la antesala de este espectáculo, ningún sector involucrado tuvo pudor en admitir que Luis Miguel está sacando provecho del impacto de la bioserie que autorizó para Netflix. 

Así como contar sus verdades en torno a una vida hecha de abusos y dolor le permitió liberarse y renacer, también logró reposicionar una parte de su cancionero rara vez interpretada durante las últimas giras. 

Sobre todo, aquella relacionada a las canciones de su fase “niño estrella” como 1+1= 2 enamorados, Los muchachos de hoy, Directo al corazón y Decídete. Todas sonaron en el Orfeo acompañadas por el estruendo voraz y emocionado, que sumaba a incondicionales de siempre con, supuestamente, algunas nuevas más advenedizas. “No hay que engañarse, este show fue un éxito porque muchas tenían la fantasía de encontrarse con Diego Boneta en el escenario”, le soltó a VOS una fuente cercana a la producción. 

Pero en esta crónica no estamos para ser sommeliers de emociones ajenas sino para describir que clásicos como Suave y Cuando calienta el sol, que llegaron al comienzo y al cierre, respectivamente, suenan más estimulantes al calor de esta masa y de este revival circunstancial que mostró a La incondicional potenciada en las pantallas por su clip original. Allí se ve a un Luismi jovencito como piloto, paracaidista y boxeador. 

Vale la imagen para trazar un deseo de cara al futuro: que este renacimiento obligue al divo a volar, saltar al vacío y a pelearle a sus fantasmas con mayot determinación. 

A juzgar por cómo se regocijó con su propia voz, y por cómo estiró su despedida (en la eterna coda de Cuando calienta el sol soltó «Córdoba, eres un público bello, bello, bello, bello, bello»), algo de sanación parece haber conseguido. 

Fuente: La Voz

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