Ya sentimos el miedo al fin de año violento

El miedo a diciembre ya se convirtió en un símbolo de cada fin de año para los argentinos que esperamos con miedo que el clima social de fin de año se encienda y genere caos. Resultan difíciles de olvidar las imágenes de los supermercados y comercios saqueados por hordas de salvajes delincuentes que optaban por llevarse primero los electrodomésticos y las bebidas alcohólicas antes que los alimentos. Y no es una visión prejuiciosa de los hechos, es la narración fiel de las imágenes que todos vimos, que todos padecimos.

La ministra Carolina Stanley aseguró que este año la paz social estaba casi garantizada, pero ese «casi» deja abierta muchas dudas porque si bien el Estado duplicó el presupuesto de los planes sociales y se entregaron bonos de fin de año, nada hace suponer que los dirigentes de los movimientos de izquierda respetarán la tregua, si hubo una. Ante un año electoral, todo suma y los violentos de siempre difícilmente se queden quietos y propondrán nuevamente el caos para dañar al Gobierno donde más le duele.

Los ciudadanos esperan con inquietud el paso de los días a la espera de que en algún momento aquel horror de gente huyendo con televisores al hombre después de ingresar a la fuerza a los comercios; de ver operativos planificados donde una camioneta esperaba a pocos metros del local saqueado para ir cargando la mercadería robada. Todo frente a la ausencia absoluta de fuerzas de seguridad a punto que todos recordamos a los dueños de los negocios armados con escopetas que protegían sus bienes desde detrás de las cortinas o desde las terrazas de los locales. 

Cada fin de año este temor nos acude a la memoria porque todos suponemos que el objetivo final de estos desórdenes organizados es provocar un muerto, un nombre que sirva de bandera para amedrentar al Gobierno. Algo parecido intentaron con el caso de Santiago Maldonado, sólo que esta vez la verdad y la justicia dejaron a la luz la siniestra operación. Tal vez María Eugenia Vidal haya tomado precauciones sobre este tema ya que es en el territorio de su provincia donde recrudecen estos episodios, más especialmente en el conurbano bonaerense. 

Desde el Estado sugieren que tienen todo controlado, sin embargo en el distrito bonaerense tienen dudas debido a que los sectores políticos de los movimientos del caos han declarado la «guerra» a Vidal. El propio Roberto Baradel, líder sindical de los docentes y obediente kirchnerista dijo hace unos días sobre la gobernadora: «No vamos a parar hasta sacarla».

El clima no es el mejor, las noticias sobre la economía son desalentadoras y el campo de cultivo para generar incidentes y protestas está servido. Solamente nos resta a los mansos esperar, saber que sería muy desgraciado terminar el año con un hecho de violencia de graves consecuencias, pero al menos estemos advertidos de que ya sabemos quiénes serán los culpables y cuáles son los motivos.

La inminencia del año de elecciones puede ser un claro agravante para incentivar a los violentos y es sabido que la convocatoria militante les resulta fácil a través de todos los medios extorsivos posibles. Amenazados con la quita de los planes, considerarlos traidores, motivados por unos pesos extras, los «bravos» suben a los micros a cumplir con su «trabajo» (el único que aceptan, aunque sepan que es basura, que no sirve para nada y que se juegan la vida). Los punteros los mandan a «matar o morir» en nombre de alguna causa que no entienden mientras ellos suman puntos con la dirigencia tomándose una cerveza. Ojalá tengamos la fiesta en paz, será el mejor regalo de fin de año para todos.

V. CORDERO

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